Los hombres que están arriba son los videntes; los hombres que están abajo son los creyentes; los hombres del medio son los sistemáticos y los que dudan. Los videntes son los sabios, los creyentes ciegos son los locos y los que dudan no son nada, pero oscilan entre la sabiduría y la locura, subiendo a veces, descendiendo otras y no hallándose bien en ninguna parte.
Cambiar fondo del poema
En la cumbre brillan videntes,
con ojos que alcanzan lo eterno,
los creyentes abajo, sedientos
de fe en el abismo interno.
En medio, los que dudan flotan,
ni sabios ni ciegos del todo,
oscilan en sombras remotas
buscando su propio acomodo.
A veces suben, se acercan al sol,
y de nuevo descienden al suelo,
su andar es el eco de un rol
que baila entre el juicio y el duelo.
En su vaivén no hay descanso,
ni pertenencia en su canto;
son nómadas de un espacio
donde el saber y el delirio son manto.