Mas cuando morimos, no nos destruimos, nuestras cenizas y propiedades son arraigadas a otra forma de vida, en la misma naturaleza. Somos seres en la transformación infinita que rueda, y allí pierde peso la idea del cielo y el infierno.
Cambiar fondo del poema
En polvo y sombra nos convertimos,
no en fin, sino en semilla,
brotando en la tierra,
como eco de lo que fuimos.
La muerte no es destrucción,
sino cambio en la danza eterna,
donde el alma, en su migración,
se funde en la tierra húmeda.
Cenizas al viento esparcidas,
raíces de nueva era,
en la trama infinita, expandida,
más allá del cielo que pesa.
Somos seres de transformación,
vida que rueda sin preaviso;
en la esencia de esta realidad,
ni cielo ni infierno hallamos piso.