Y allí en la orilla del lago, bajo la noche centellante, cantaban las Adar, al son de una voz que reverberaba lo divino, lo místico, cantaban juntas a las estrellas del cielo, decían: "Enseñanos tus luminosos caminos y la sabiduria de tus años".
Cambiar fondo del poema
En la orilla del lago, allá en el susurro,
las Adar cantaban bajo el manto oscuro,
la noche centellante, testigo callado,
en sus voces vibraba un eco sagrado.
Al son de lo divino, al místico canto,
las estrellas lucían su eterno encanto.
"Enséñanos," decían, "tus caminos de luz,
la sabiduría que el tiempo produce a raudales sin fin."
Y las aguas del lago, espejo sereno,
reflejaban sus voces, en un baile eterno,
bajo el cielo inmortal, eterno y callado,
la gloria alzaban, en coro sagrado.