Prefiero ser autodidacta que fingir una marcha nupcial con el conocimiento adquirido en alguna aula teorética, con reglas de un rector que apisona las ideas.Prefiero ser autodidacta y demostrar con mi propio esfuerzo que la vida es un mundo por descubrir en cuyo camino se revela que el conocimiento tiene aristas, tangentes y vericuetos.Prefiero ser autodidacta para no mostrar fariseamente decenas de títulos, cientos de grados, miles de publicaciones, enésimas distinciones y un sinnúmero de reconocimientos.Prefiero ser autodidacta como José Carlos Mariátegui, para demostrar sin las bataholas propagandísticas que la educación primaria del “amauta” fue solo un honor al talento intelectual que superaba a su tiempo. Prefiero ser autodidacta como Jorge Luis Borges, para tocar el cielo con las manos y escribir con estilo barroco su propia caricatura como legado de su deslumbrante historia imaginativa. Prefiero ser autodidacta como Marco Aurelio Denegrí, para encajar en su Miscelánea Humanística, y vivir en función de la palabra que nos adoctrinaba en el canal de televisión menos visto. Prefiero ser autodidacta para gritar con José Saramago y vivir con él en una biblioteca y graduarse en ella. Para luego compartir "Levantado del Suelo" en una brutal lucha contra la ignorancia. Prefiero ser autodidacta para que mi conciencia no me juzgue y me diga impertérritamente que soy hechura de la forma y del sistema académico que moldea y estereotipa lo que puedo adquirir con mi esfuerzo. Prefiero mil veces mostrar mi pluma sin atavíos académicos sintonizado con fórmulas dogmáticas. Prefiero la desnudez de la palabra y la propia voz de mi modesto discernimiento.
Cambiar fondo del poema
Prefiero el camino autodidacta,
sin el eco de aulas vacías,
donde un rector aplasta
las flores de mis ideologías.
Mejor surcar mares inexplorados,
entre aristas y vericuetos,
revelando senderos enredados
y el saber sin preceptos.
Como Mariátegui, la mente aguda,
que sin ruido forja su arte;
como Borges, cuyo verbo desnuda
universos que al alma comparte.
Denegrí enseña con mirada inherente,
en un rincón olvidado,
y Saramago, en su lucha ferviente,
hace del libro hogar sagrado.
Prefiero mi verso sincero,
sin títulos que lo adornen,
y una voz propia, buscando entero
un discernimiento que no se conforme.
Desnudo el saber y mi conciencia,
con pluma humilde en mano,
que juzgue la vida sin la apariencia
del rigor del académico arcano.