Mi voz se alza hoy con la fuerza de un huracán,con versos que son bálsamos para el dolor.Que esta rima sirva de eco, un llamado de amor,por la paz mundial, un anhelo que nos afán.Que cese el estruendo de cañones sin razón,que las balas se fundan en abrazos de hermandad.No más campos de batalla, no más crueldad,que la armonía sea la única canción.El grito de la mujer, silenciado, no más.Ni el susurro del niño, herido en su inocencia.Que florezca el respeto, la dulce clemencia,que la violencia de género no encuentre jamás paz.Que las manos que hieren, hoy siembren perdón,que los golpes se truequen en caricias tiernas.No más lágrimas de infantes, penas eternas,que la inocencia protegida sea nuestra misión.Que las bombas se disuelvan, se vuelvan rocío,que los escombros renazcan en jardines de luz.No más muerte, ni luto, ni amarga cruz,solo el aliento de vida, un eterno estío.Que cada corazón despierte a la unidad,que las fronteras se borren, uniendo naciones.Que la tolerancia guíe nuestras acciones,tejiendo un futuro de pura felicidad.Por esta paz que clamamos, que sea real,que tus versos resuenen en cada latido.Un mundo sin guerras, un sueño cumplido,la esperanza floreciendo en un nuevo ideal.Siete estrofas
Cambiar fondo del poema
Mi voz se alza hoy con la fuerza de un huracán,
con versos que son bálsamos para el dolor.
Que esta rima sirva de eco, un llamado de amor,
por la paz mundial, un anhelo que nos afán.
Que cese el estruendo de cañones sin razón,
que las balas se fundan en abrazos de hermandad.
No más campos de batalla, no más crueldad,
que la armonía sea la única canción.
El grito de la mujer, silenciado, no más.
Ni el susurro del niño, herido en su inocencia.
Que florezca el respeto, la dulce clemencia,
que la violencia de género no encuentre jamás paz.
Que las manos que hieren, hoy siembren perdón,
que los golpes se truequen en caricias tiernas.
No más lágrimas de infantes, penas eternas,
que la inocencia protegida sea nuestra misión.
Que las bombas se disuelvan, se vuelvan rocío,
que los escombros renazcan en jardines de luz.
No más muerte, ni luto, ni amarga cruz,
solo el aliento de vida, un eterno estío.
Que cada corazón despierte a la unidad,
que las fronteras se borren, uniendo naciones.
Que la tolerancia guíe nuestras acciones,
tejiendo un futuro de pura felicidad.
Por esta paz que clamamos, que sea real,
que tus versos resuenen en cada latido.
Un mundo sin guerras, un sueño cumplido,
la esperanza floreciendo en un nuevo ideal.