Es maravilloso ver y notar el amor compartido entre madre e hija-
Cambiar fondo del poema
En el fulgor de un día dorado,
dos almas bailan con un mismo latido,
una madre y su hija, en vínculo sagrado,
tejido en el amor compartido.
Sus miradas, espejos del alma,
revelan historias de risas y llanto,
en cada gesto, la vida se ensalma,
sus corazones cantan en un solo canto.
Es un lazo que el tiempo acaricia,
más fuerte que el viento y el mar,
un abrazo eterno que todo reinicia,
un amor que nunca deja de amar.