En el umbral de un sueño sin fronteras,donde la mente danza sin cadenas,delirio nace, en luces y quimeras,un río indómito de vivas escenas.Se abre el telón, la imaginación es reina,y en cada pulso, una idea serena.El lienzo en blanco espera la impronta,la pluma ansiosa, el eco de una voz.No hay miedo al error, ni al alma tonta,solo el deseo que nace en cada hoz.La musa llega, un soplo, una promesa,la forma brota, la imagen se expresa.Colores vibran, sinrazón y antojo,en un compás que solo el alma siente.Un mar de versos, un dulce abrojo,que a la verdad se aferra firmemente.La inspiración, cual rayo, nos asombra,y el mundo antiguo, con ella, se nombra.Palabras fluyen, cascada sin medida,labran senderos, tejen el encanto.Cada matiz, una emoción prendida,un universo entero en cada canto.El corazón palpita, pleno y fuerte,venciendo el miedo, desafiando a la muerte.Así la obra cobra vida, delirante,sin normas fijas, solo la pasión.Un eco eterno, brillante y resonante,que encuentra en el arte su razón.Y al finalizar, un hondo suspiró,el alma libre, la creación vibró.Que este fluir, de sueños y de anhelos,conquiste el jurado, sin igual destreza.Un vuelo libre, rompiendo los velos,donde la magia vence a la simpleza.Delirio puro, en cada estrofa expuesto,un grito al cielo, al arte manifiesto.Seis estrofas
Cambiar fondo del poema
En el umbral de un sueño sin fronteras,
donde la mente danza sin cadenas,
delirio nace, en luces y quimeras,
un río indómito de vivas escenas.
Se abre el telón, la imaginación es reina,
y en cada pulso, una idea serena.
El lienzo en blanco espera la impronta,
la pluma ansiosa, el eco de una voz.
No hay miedo al error, ni al alma tonta,
solo el deseo que nace en cada hoz.
La musa llega, un soplo, una promesa,
la forma brota, la imagen se expresa.
Colores vibran, sinrazón y antojo,
en un compás que solo el alma siente.
Un mar de versos, un dulce abrojo,
que a la verdad se aferra firmemente.
La inspiración, cual rayo, nos asombra,
y el mundo antiguo, con ella, se nombra.
Palabras fluyen, cascada sin medida,
labran senderos, tejen el encanto.
Así la obra cobra vida, delirante,
sin normas fijas, solo la pasión.
Un eco eterno, brillante y resonante,
que encuentra en el arte su razón.