Te reconozco en el eco del viento,como si el tiempo te hablara por mí,como si fueras el sueño que inventoy que vuelve en cada noche sin fin.Tu ausencia no pesa, es solo disfraz,porque en lo invisible, tú siempre estás.Somos dos llamas nacidas del mismo fuego,dos notas perdidas de un canto ancestral,nos buscamos sin rostro, sin rastro, sin ego,como río que intuye su mar celestial.Eres mi reflejo más allá del espejo,mi amor místico, sin edad ni pellejo.Nos hablamos con silencios tan hondosque el alma se estremece al escuchar,como si el universo en sus oscuros fondosnos tejiera juntos con hilos de azar.No hay palabra que diga lo que siento,pues tu nombre resuena en mi pensamiento.Como sombra fiel detrás del sol,caminas conmigo aunque no te vea,y tu energía me envuelve, sin control,como brisa que acaricia y no pasea.Tu amor es perfume que no se evapora,presente en la piel, aunque estés en otra hora.He vivido mil vidas buscándote en rostros,como quien busca el alma tras la piel,porque sé —como un recuerdo en los pozos—que ya nos amamos bajo otro laurel.Eres símil del fuego que no se apaga,una promesa grabada en mi saga.No somos carne, ni nombre, ni historia,somos pulsos del mismo resplandor,como estrellas que giran con memoriay se encuentran por pura vibración.Nuestro lazo es eterno, profundo y bendito,llamado sin voz, destino infinito. |Seis estrofas de cuatro versos
Cambiar fondo del poema
Te reconozco en el eco del viento,
como si el tiempo te hablara por mí,
un sueño que cada noche reinvento,
presente en mi noche sin fin.
Tu ausencia no pesa, es disfraz,
en lo invisible, tú siempre estás,
somos llamas del mismo fulgor,
perdidas de un canto ancestral.
Sin rostro, sin rastro, nos buscamos,
como río que intuye su destino,
reflejo que en el espejo hallamos,
amor místico, sin piel, divino.
Nos hablamos con hondos silencios,
el alma se estremece al escuchar,
en los oscuros fondos de los sueños,
hilos de azar nos han de entrelazar.
Tu nombre resuena en mi pensamiento,
como sombra fiel detrás del sol,
camino contigo en cada momento,
tu energía me envuelve, sin control.
Eres símil del fuego eterno,
una promesa que arde en mi piel,
no somos carne, ni un simple invierno,
pulsos del mismo resplandor fiel.