Te reconozco en el eco del viento,como si el tiempo te hablara por mí,un sueño que cada noche reinvento,presente en mi noche sin fin.Tu ausencia no pesa, es disfraz,en lo invisible, tú siempre estás,somos llamas del mismo fulgor,perdidas de un canto ancestral.Sin rostro, sin rastro, nos buscamos,como río que intuye su destino,reflejo que en el espejo hallamos,amor místico, sin piel, divino.Nos hablamos con hondos silencios,el alma se estremece al escuchar,en los oscuros fondos de los sueños,hilos de azar nos han de entrelazar.Tu nombre resuena en mi pensamiento,como sombra fiel detrás del sol,camino contigo en cada momento,tu energía me envuelve, sin control.Eres símil del fuego eterno,una promesa que arde en mi piel,no somos carne, ni un simple invierno,pulsos del mismo resplandor fiel.|Incluye la frase amores que trascienden Seis estrofas de cuatro versos
Cambiar fondo del poema
Te reconozco en el eco del viento,
como si el tiempo te hablara por mí,
un sueño que cada noche reinvento,
presente en mi noche sin fin.
Tu ausencia no pesa, es disfraz,
en lo invisible, tú siempre estás,
somos llamas del mismo fulgor,
perdidas de un canto ancestral.
Sin rostro, sin rastro, nos buscamos,
como río que intuye su destino,
reflejo que en el espejo hallamos,
amor místico, sin piel, divino.
Nos hablamos con hondos silencios,
el alma se estremece al escuchar,
en los oscuros fondos de los sueños,
hilos de azar nos han de entrelazar.
Tu nombre resuena en mi pensamiento,
como sombra fiel detrás del sol,
camino contigo en cada momento,
tu energía me envuelve, sin control.
Amores que trascienden el eterno,
una promesa que arde en mi piel,
no somos carne, ni un simple invierno,
pulsos del mismo resplandor fiel.