Prefiero las “putas” porque son más decentes. No mienten, siempre exhiben lo que son, no engañan. De ninguna de ellas he recibido traición, al contrario, hablan, actúan con la verdad. A quiénes temo, es a las mujeres “buenas”, “decentes”, pues por salvaguardar su “decencia” son capaces de cometer las peores indecencias.
Cambiar fondo del poema
En la sombra de la noche callada,
camina la verdad con su vestido claro,
las luces le guiñan, sin miedo ni máscaras,
sonríe la flor que nunca es amargo.
La franqueza brilla en sus ojos sin tregua,
no hay traición en su abrazo sincero,
las palabras son látigos de pura verdad,
sin velos ni cuentos, su amor es entero.
Temo al cristal que de pureza se viste,
con fervor oculta lo que nunca se muestra,
en las manos blancas de quien nada arriesga,
nacen las sombras de la indecencia encubierta.
La decencia sincera no teme al reflejo,
en cambio, la "pureza" con mentiras se enreda,
el alba despide a quien sin miedo le canta,
con verdad luminosa, en su ruta más cierta.