En la bruma donde mueren los suspiros,camina tu figura sin razón,silenciosa como el eco de vampirosque acechan bajo un manto de traición.Tus pasos son plegarias en el viento,tu espalda es la condena de mi fe,te llevas en tu sombra el sufrimiento,dejando un cuerpo roto en su vejez.El cielo sangra en tonos decadentes,las ramas gimen nombres sin cesar,y yo, con las rodillas decadentes,me arrastro en el abismo de esperar.Ausencia: ese sepulcro sin tumba,donde el amor aún late al revés,como un cuervo que en la noche zambulleel corazón de un muerto en su niñez.¿Eres un alma o sólo un espejismo?¿Un castigo o el final de mi dolor?Tu adiós fue más helado que el abismo,más eterno que un "nunca" sin rencor.Te vas… y en mí florece la penumbra,ya nada tiene nombre ni color,la ausencia me consume y me deslumbra…¡como un ángel que olvida su calor!Seis estrofas
Cambiar fondo del poema
En la bruma donde mueren los suspiros,
camina tu figura sin razón,
silenciosa como el eco de vampiros
que acechan bajo un manto de traición.
Tus pasos son plegarias en el viento,
tu espalda es la condena de mi fe,
te llevas en tu sombra el sufrimiento,
dejando un cuerpo roto en su vejez.
El cielo sangra en tonos decadentes,
las ramas gimen nombres sin cesar,
y yo, con las rodillas decadentes,
me arrastro en el abismo de esperar.
Ausencia: ese sepulcro sin tumba,
donde el amor aún late al revés,
como un cuervo que en la noche zambulle
el corazón de un muerto en su niñez.
¿Eres un alma o sólo un espejismo?
¿Un castigo o el final de mi dolor?
Tu adiós fue más helado que el abismo,
más eterno que un "nunca" sin rencor.
Te vas… y en mí florece la penumbra,
ya nada tiene nombre ni color,
la ausencia me consume y me deslumbra…
¡como un ángel que olvida su calor!