El ángel de la tarde, el ángelmon del bien y del mal, el ser semi espectral, de aquel que su nombre es Aronir.
Cambiar fondo del poema
En la tarde dorada, donde el sol se va a dormir,
llega un ángel silente, su misión no ha de fingir.
Un ángelmon del equilibrio, del bien y del mal,
con alas de luz y sombra, en su semblante inmortal.
Aronir es su nombre, ser semi espectral,
camina entre lo visible y lo espiritual.
Con un gesto, balancea lo oscuro y lo solar,
es guardián de los sueños que se esconden al azar.
Susurros de eternidad en su canto al volar,
guía al alma en la penumbra, a su destino llevar.
En la frontera del tiempo, donde todo es sin igual,
habita el ángel de la tarde, en su danza celestial.