En el valle escondido de Neldoreth, donde los árboles susurraban secretos antiguos y la luna pintaba sombras plateadas en el suelo, vivía una niña llamada Estelney. Era hija de una sabia Adar llamada Elthir, que había dedicado su vida a cuidar los jardines de estrellas de Neldoreth. Elthir creía que la esperanza era la luz más poderosa en tiempos de oscuridad, y por eso llamó a su hija Estelney, "la esperanza".Estelney creció rodeada de flores que se abrían al anochecer y emitían un brillo suave como las estrellas. Aprendió a escuchar el canto de los pájaros nocturnos y a encontrar caminos ocultos bajo la luz de la luna. Su madre le enseñó que la esperanza no era solo un sentimiento, sino una acción: plantar semillas de bondad, cuidar la luz en los corazones y guiar a otros en la oscuridad.Un día, una sombra misteriosa comenzó a cubrir Neldoreth, amenazando las estrellas de los jardines. Las Adar se preocuparon, pero Estelney tomó una pequeña lámpara de cristal que su madre le había dado, la cual contenía una luz que nunca se apagaba. Con valentía, Estelney guió la luz por los caminos sombríos, iluminando senderos y calmando miedos. La sombra retrocedió, y las estrellas de Neldoreth brillaron más que nunca.Desde entonces, Estelney fue conocida como la "portadora de esperanza" de Neldoreth. Su nombre se convirtió en un símbolo de luz en tiempos difíciles, y las Adar cantaban canciones en su honor bajo la luna, "Estelney, Estelney, bajo las flores de la esperanzaLas flores aquí bajo la luna cantanEl país para nosotros aquí, el país de EstelneyVarda la estrella aquí brilla, las flores susurran".
Cambiar fondo del poema
En el valle escondido de Neldoreth,
donde los árboles susurran al viento,
una niña llamada Estelney,
era el faro en tiempos turbulentos.
Hija de Elthir, sabia y gentil,
adornaba las noches con su mirar,
en jardines de estrellas donde vivir,
encontraba caminos al caminar.
Ella sabía que la esperanza es acción,
plantar bondad y cuidarla en el alma,
con una lámpara de eterno fulgor,
su luz calmó temores y dio calma.
La sombra que cubría el verdor,
cedió ante su resplandor sincero,
y las estrellas brillaron con ardor,
en un cielo nuevamente entero.
Cantaban las Adar bajo la luna,
"Estelney, portadora de esperanza,
las flores murmuran en suave fortuna,
en su nombre, la luz siempre danza".