En la ciudad Adariana de Mithlond, donde las aguas del río Mithlo brillaban como plata bajo el sol y las casas de los elfos estaban talladas en madera perfumada de abedules, vivía una niña llamada Selenney. Era la hija de la maestra tejedora de Mithlond, Eledhwen, conocida por sus telas más finas y patrones que parecían bailar con la luz.Selenney creció aprendiendo el arte de tejer con hilos de seda y oro que Eledhwen traía de los bosques encantados. Pero Selenney tenía un don especial: podía escuchar los susurros de los hilos mientras trabajaba. Los hilos le contaban historias de antiguas Adar, de batallas olvidadas y de amores que habían tejido el destino de Mithlond.Un día, un gran festival se acercaba en Mithlond para celebrar la unión de las estrellas con la tierra. Eledhwen pidió a Selenney crear el tapiz más hermoso para el festival, uno que capturara la esencia de Mithlond. Selenney trabajó con los hilos susurrantes, y su tapiz cobró vida: mostraba el río Mithlo bailando con estrellas, Adars cantando en las orillas y flores que parecían moverse con el viento, "El Mithlo aquí juega, sombras en el vientoLas Adar aquí cantan, bajo las flores para nosotrosVarda [la estrella] brilla aquí, en el camino de la niebla".En la noche del festival, el tapiz de Selenney fue el centro de admiración. Las Adar dijeron que nunca habían visto algo tan vivo, y que los hilos parecían cantar la canción de Mithlond. Desde entonces, Selenney fue conocida como la "tejedora de historias" de Mithlond, y sus tapices se convirtieron en leyendas.
Cambiar fondo del poema
En la ciudad mística de Mithlond,
donde el río Mithlo brilla con honor,
Selenney, hábil en el arte del telar,
escucha los hilos con amor.
Hija de Eledhwen, tejedora de renombre,
su don convierte telas en canción.
Hilos de seda y oro que narran historias
de Adars y amores de la creación.
Para el festival que une tierra y estrellas,
Selenney teje un tapiz sin igual:
el río danzante, flores y susurros,
cantan juntos un himno celestial.
El tapiz del festival, vivo y brillante,
hilos que murmuran con voz sin fin.
Adars, impresionados, declaran a Selenney
como la "tejedora de historias" en su jardín.