En la sombra de la noche callada,
donde el susurro del viento se apaga,
me duele el alma, como herida olvidada,
y el eco del tiempo en silencio naufraga.
Las luces lejanas destiñen su brillo,
me duele la vida, como río sin cauce,
arrastrando sueños en su tranquilo curso,
bajo cielos que lloran un gris desenlace.
En cada latido, un suspiro perdido,
me duele todo, en su danza sombría,
la esperanza se viste con velos marchitos,
y un destello, en la niebla, busca su melodía.