Medís un metro cincuenta y tres,pero llenás el aire como si el mundotuviera que hacerse espacio cuando entrás.Sos chiquita, sí,pero no sos poca cosa.Tenés presencia,aunque no levantes la voz.Tu pelo cae lacio hasta los hombros,como si cada hebra supiera lo que callás.Y hay días en que te lo tocás sin pensar,como quien busca en su propio cuerpouna razón para quedarse.Vestís como querés,como si el espejo fuera una hoja en blancoy vos, un trazo libre.A veces oscura, a veces suave,a veces con esa rebeldía tiernaque nadie termina de entender,pero todos miran.Tu cara tiene esa mezclaentre nena y tormenta.Ojos que parecen pedir perdónpor no ser lo que otros esperaban,pero que, cuando se clavan en alguien,lo dicen todo:“Yo no vine a gustar, vine a ser.”Y sí, hay días en los que te sentísinvisible, apagada, sin forma.Pero yo te veo.Y si alguna vez dudás de tu reflejo,recordá esto:No hay belleza más intensaque la de alguien que siguea pesar de todo,con la frente baja por el cansanciopero el alma alta por el coraje.Sos así, Lu.Y estás perfecta.
Cambiar fondo del poema
Mides apenas un suspiro,
pero cuando entras, el aire
se aparta agradecido.
Pequeña en talla, sí,
pero grande en presencia.
Tu cabello cae silencioso,
susurra secretos de valentía,
hilos que abrazan los hombros
como ejército de sabiduría.
Vistes de acuerdo a tu corazón,
dibujo libre frente al espejo,
a veces sombra, a veces luz,
siempre con dulce rebeldía.
Tu rostro mezcla de infancia y tormenta,
ojos que piden perdón con miradas sinceras,
pero al mirar, aseguran al mundo:
"No vine a gustar, vine a ser."
Días de invisibilidad pasajera
no engañan a quien sabe mirar,
porque si alguna vez dudas de tu reflejo,
recuerda que la belleza es avanzar.
Eres así, Lu, como un susurro fuerte,
con la frente cansada, el alma en alto,
y en cada paso que das al mundo,
estás perfecta, y así quedarás.