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Hay una dorada ciudad por arriba,Más allá de las luces celestes,Varios palacios sobre las blancas estrellas, teñidos de cielo, de oro y de lazulí.Allí las piedras son de mármol, más Grisaseo que la luna,Allí los sueños se impregnan en Ruborozos paisajes, Y en el cielo los planetas regidos en tronos, claman con su voz su poder Desde la azul lejanía,Mostrandose completamente a través Del ancho firmamento.La gran dorada ciudad, de oro y lazulí,Donde los rios son destellos de neonBajo la noche cósmica,En donde guardan las Adar sus cuerpos inefables de luz. Desde allí se ve la tierra como una estrella, las Adar hablan diciendo:"El planeta de Arda a la vista"En donde Arlántia allí abajo, está en el Reino de las nubes.Desde Elentiriol, la gran ciudad dorada, de las estrellas, se contempla el ancho mundo.

En lo alto, brilla una ciudad dorada,  
Más allá de luces celestes y distantes,  
Donde los palacios se ciernen sobre las estrellas,  
Tintos de cielo, oro y rico lazulí reluciente.

Las piedras aquí de mármol, gris lunar,  
Guardan secretos de sueños antiguos,  
Impregnan paisajes de rubor en desvelo,  
Y en el cielo, planetas en tronos se alzan,  

Su voz de poder en la vastedad azul claman,  
Mostrándose enteros en el ancho firmamento.  
La ciudad reluce, de oro y lazulí encantada,  
Donde ríos son destellos de néon en la noche cósmica.

Allí, las Adar guardan sus cuerpos de luz etérea,  
Y desde la altura contemplan al mundo,  
"Miren, el planeta de Arda a la vista,"  
Ellas dicen, con un susurro divino.

Desde Elentiriol, la gran ciudad dorada,  
Se abraza al mundo amplio y profundo,  
Uniendo los cielos a la tierra estrellada,  
Donde Arlántia descansa en el Reino de nubes.

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En lo alto, brilla una ciudad dorada, Más allá de luces celestes y distantes, Donde los palacios se ciernen sobre las estrellas, Tintos de cielo, oro y rico lazulí reluciente. Las piedras aquí de mármol, gris lunar, Guardan secretos de sueños antiguos, Impregnan paisajes de rubor en desvelo, Y en el cielo, planetas en tronos se alzan, Su voz de poder en la vastedad azul claman, Mostrándose enteros en el ancho firmamento. La ciudad reluce, de oro y lazulí encantada, Donde ríos son destellos de néon en la noche cósmica. Allí, las Adar guardan sus cuerpos de luz etérea, Y desde la altura contemplan al mundo, "Miren, el planeta de Arda a la vista," Ellas dicen, con un susurro divino. Desde Elentiriol, la gran ciudad dorada, Se abraza al mundo amplio y profundo, Uniendo los cielos a la tierra estrellada, Donde Arlántia descansa en el Reino de nubes.