Al oído de una muchachaNo quise.No quise decirte nada.Vi en tus ojosdos arbolitos locos.De brisa, de brisa y de oro.Se meneaban.No quise.No quise decirte nada.
Cambiar fondo del poema
En la orilla del suspiro,
donde los sueños se anidan,
un secreto entre las sombras
se desliza sin salida.
Vi en tus ojos, niña dulce,
un temblor de dos arboles,
bailando en brisas doradas,
con susurros inexplicables.
No quise decirte nada,
mientras la tarde callaba,
pues en tus ojos brillaban
historias aún no narradas.
Así, en el silencio eterno,
guardo el eco de ese instante,
donde el alma se aquieta
y el corazón es errante.