Nunca se olvida a un ser amado, solamente se aprende a vivir sin él.
Cambiar fondo del poema
En el rincón del alma, el viento susurra,
un nombre eterno que el tiempo no borra.
Aunque el sol se apague en el ocaso frío,
tu memoria es faro en mi mar bravío.
Las huellas que sembraste no se desvanecen,
son flores en invierno, que el corazón mecen.
Aprendo a caminar en senderos sin tus huellas,
pero al mirar el cielo, aún busco tus estrellas.
El amor no muere, solo se transforma,
en versos susurrantes que mi voz conforma.
Nunca se olvida al ser que nos ha amado,
se aprende a vivir con su eco, callado.