Cuando un ojo se dilata, una nebulosa brilla. Cuando una estrella muere, una célula nace. Y cuando las ideas vienen, los cosmos titilan. Al menos somos una forma en que el universo se conoce así mismo.
Cambiar fondo del poema
Cuando un ojo se dilata,
una nebulosa comienza a brillar,
en el vasto cielo se desata
un baile de luces, un despertar.
Cuando una estrella se apaga,
una célula empieza a nacer,
la danza eterna que embriaga,
lo que muere, vuelve a florecer.
Cuando las ideas, en susurros,
titilan en la vasta oscuridad,
los cosmos se vuelven murmullos,
ecos de nuestra curiosidad.
Al menos somos la forma inquieta
del universo al reconocerse,
una chispa breve y concreta
donde el todo intenta verse.