Cali: presencia que no se va(Poema de despedida)Tu voz aún suena en los pasillos,como un farol que sigue en pie,marcaste rumbos, diste abrigo,formaste almas con tu fe.Hoy parte el cuerpo, pero el alma se nos ve.Tus regaños fueron puentes,no castigo, sino honor,lecciones dulces, firmes, justas,con ternura y con rigor.Maestro eterno del respeto y del amor.No fuiste solo coordinador,fuiste hermano, guía, luz,nos mostraste que educartambién se hace desde la cruz,desde el silencio y el ejemplo que conduce.Cada rincón lleva tu nombreaunque no esté escrito allí,porque sembraste en el almamás de lo que se puede decir,y en cada gesto vive aún tu porvenir.Gracias, Cali, por tu historia,por tu entrega sin final.Tu legado no se jubila,se vuelve fuerza inmortal.Hasta siempre, gran maestro espiritualSeis estrofas
Cambiar fondo del poema
En los pasillos resuena tu voz,
como un farol que no se apaga,
marcaste rumbos con cariño y eficacia,
formaste almas con tu dedicación.
Se despide el cuerpo, el alma queda en acción.
Tus regaños son puentes de sabiduría,
no castigo, sino un noble trabajo,
dabas lecciones dulces, llenas de justicia,
con la ternura del que cuida el legado.
Maestro eterno, respeto y amor en cada trazado.
No eras solo un coordinador al fin,
hermano, guía, faro con luz ardiendo,
mostraste que la educación se halla,
también, en la cruz y en el comprendimiento,
en el silencio compartido, ejemplo naciendo.
Cada rincón tu nombre ahora canta,
aunque las letras no se puedan ver,
porque sembraste dentro del alma,
más de lo que uno puede entender,
y en cada gesto tu porvenir vuelve a nacer.
Gracias, Cali, por tu historia viva,
por tu entrega sin final, tan real.
Tu legado no se jubila, se reactiva,
se torna en fuerza inmortal y descomunal.
Hasta siempre, maestro espiritual genial.