A veces solo hay que mirar la felicidad de un perro, para entender cómo disfrutan cada momento al máximo
Cambiar fondo del poema
En los ojos de un perro
brilla el sol eterno,
con cada salto y vuelo
surca su cielo interno.
Sin cargas ni preguntas,
vive al ritmo del viento,
su lengua al aire, el alma
en un feliz movimiento.
A veces, un vistazo
a su felicidad tan pura,
nos enseña que en lo simple
la alegría perdura.
Así, en su danzar sencillo
y su colita veloz,
nos recuerda que la vida
es un presente en flor.