¡Santo Dios!, amor mío, veamos lo que posees ahí. Ese soberbiomiembro calienta mi cabeza, tu profesión acaba por inflamarla; quiero queme forniques.
Cambiar fondo del poema
Cielo ardiente, ¡Santo Dios!,
con su luz mi piel agita,
amor mío, en él me pierdo,
mi pasión nunca se evita.
Soberbio miembro que enciende
la chispa en mi pensamiento,
profundo deseo inflama,
en tus llamas me reinvento.
Fornicación, dulce arte,
donde cuerpos se entrelazan,
quiero en ti perder mi norte,
en tu fuego, juntos, se abrazan.