En la penumbra, rosas de fuego laten,rojo infinito en manos de misterio,sus pétalos, susurros que no arrebatenla daga oculta en su jardín funerio.Entre encajes negros y redes cautivas,tiembla la luna en el filo de acero,sus hojas guardan promesas furtivasy un beso marchito de amor verdadero.La dama lleva en su pecho un secreto,cruz plateada que al alma sostiene,y en su mirar, un abismo discretodonde la vida y la muerte convienen.Rosas y acero, alianza sagrada,flor que seduce, filo que sentencia,en su fragancia la noche es sellada,y el viento calla con muda obediencia.Oh, doncella de luto y de deseo,en tu abrazo duerme el último canto,eres tormenta y eres el recreodel alma errante que busca su manto.Cinco estrofas
Cambiar fondo del poema
En la penumbra, rosas de fuego laten,
rojo infinito en manos de misterio,
sus pétalos, susurros que no arrebaten
la daga oculta en su jardín funerio.
Entre encajes negros y redes cautivas,
tiembla la luna en el filo de acero,
sus hojas guardan promesas furtivas
y un beso marchito de amor verdadero.
La dama lleva en su pecho un secreto,
cruz plateada que al alma sostiene,
y en su mirar, un abismo discreto
donde la vida y la muerte convienen.
Rosas y acero, alianza sagrada,
flor que seduce, filo que sentencia,
en su fragancia la noche es sellada,
y el viento calla con muda obediencia.
Oh, doncella de luto y de deseo,
en tu abrazo duerme el último canto,
eres tormenta y eres el recreo
del alma errante que busca su manto.