y después de muchos años celestes, nació Aronir, reconociendo que su universo es el universo expresando su propia vida y creación, un universo que se mira a si mismo.
Cambiar fondo del poema
En la vasta inmensidad celeste,
como un susurro de estrellas y viento,
nació Aronir, en un acto silente,
danza del cosmos, eco y aliento.
Tras eones de luz y misterio,
el universo se tornó en un espejo,
reconociendo en su eterno imperio
la vida que brota de su reflejo.
Con ojos que miran el infinito,
Aronir siente en su corazón
que el universo, en su grito,
es un canto de amor y creación.
Un universo que observa y canta,
en cada latido, en cada mirar,
la eternidad que siempre se levanta,
su historia, su esencia, su hogar.