Aronir vió su vida, sabía lo que iba a ser, y toda la creación le enseño todo cuanto le faltaba, así las ideas humanas perdían su sentido, y Aronir veía el equilibrio, un ojo que solo el corazón mas callado percibía.
Cambiar fondo del poema
Aronir contempló su destino
en el espejo del vasto mar,
sabía que el camino divino
era un verso que aún debía encontrar.
La creación, con su voz secreta,
le mostró lo que le faltaba ver,
el cosmos tejía la silueta
de un saber que no puede perecer.
Las ideas humanas se desvanecían,
como sombras en la luz del ser,
y el equilibrio que los vientos traían
era un susurro que solo el corazón puede leer.
Aronir, en silencio, lo vio,
con un ojo que nada puede engañar,
donde la calma en su pecho creció,
y la esencia del todo pudo abrazar.