Y Aronir vivía en vida, con espíritu y verdad, por la revelada estelar, y vivió como si fuera un entrenamiento, y poco a poco parecía más un Ángel que un humano, vió con profundidad la mente humana, y lo estudió, y sus sentidos agudizó.
Cambiar fondo del poema
Y Aronir vivía en vida,
con espíritu y verdad,
bajo un cielo que le hablaba
con su luz celestial.
Como un ensayo divino,
cada día era un umbral,
mientras sus alas crecía,
desafiando lo mortal.
Miró profundo en las almas,
un viajero de la mente,
y en su estudio encontró
el latir más coherente.
Sus sentidos agudizados,
como un faro en la neblina,
se alzó más ángel que hombre,
en su esencia cristalina.