Aronir con corazón de Ángel y cuerpo de hombre, en el mundo terrenal vagaba como si fuera uno más del montón y enseñaba a quienes tenían el corazón para escuchar.
Cambiar fondo del poema
Aronir, ángel con rostro humano,
camina la tierra, común, sencillo,
en el bullicio del mundo vano,
su luz susurra con suave brillo.
Con cuerpo de hombre, alma radiante,
enseña a quienes saben escuchar,
su voz es viento, dulce y constante,
un eco eterno que quiere guiar.
En corazones él siembra estrellas,
hombres corrientes se tornan sabios,
pues Aronir, con fuerzas tan bellas,
ríe y llora al ver rotos los labios.
No es uno más, aunque así parezca,
en cada paso deja el amor,
pues quien lo sigue, aunque no lo entienda,
en su mirada descubre un sol.