En sus momentos libres, Aronir contemplaba las verdes hojas y el bosque de su retoño, veía sus formas y colores de ensueño, su matiz líneas dignas, de un ornamento sutil y ligero, le llegó al corazón como si fuese un idioma construido... y el lo creó, un idioma de la naturaleza.
Cambiar fondo del poema
En su jardín de sueños verdes,
Aronir halló un lenguaje eterno,
las hojas susurraban secretos,
formas y colores de tierno aliento.
El bosque, un manto de versos,
su matiz, un canto sincero,
ornamento sutil y ligero,
tocó su alma como un lucero.
Con cada hoja, un idioma nuevo,
de la naturaleza, él fue el creador,
habló con el viento y los ríos,
en un abrazo de puro amor.