Aronir necesitaba personas que transcendieran al igual que el, y él se enfocó en las hijas de los hombres, por su corazón.
Cambiar fondo del poema
En un mundo de sombras y sueños fugaces,
Aronir buscaba seres que trascendieran,
como ríos que avanzan sin temer brechas,
en la danza eterna que el cosmos trazó.
Su mirada, un faro en la vasta oscuridad,
se posó sobre las hijas de los hombres,
quienes guardaban en sus pechos latidos,
secretos profundos de amor y de paz.
Eran ellas, con coraje en sus venas,
quienes elevaban sus voces al cielo,
tejiendo esperanzas, hilando destinos,
con el fuego sagrado de un fiel corazón.
Aronir vio en ellas la eterna chispa,
un puente de luz hacia lo inmortal,
y en ellas encontró sus almas gemelas,
en un viaje sereno, hacia lo eterno y real.