Aronir fue poco a poco por ellas, como profesor en una escuela, también fue por las abuelas, las dolidas de la vida, por las huérfanas, por las que no tenían propósito en la vida, les decía: "Vengan y aprendan a jugar con la vida, no que las vida las juegue a ustedes".
Cambiar fondo del poema
En un aula llena de sueños,
Aronir se aventuró,
con palabras y con amores
su misión allí empezó.
A las almas dolidas de abuelas,
con historias de lucha y la guerra,
les susurró secretos del tiempo:
"Dejen que la vida las quiera".
A las huérfanas del destino,
sin propósito en la mirada,
les enseñó a jugar con la vida,
una danza eterna y dorada.
"Vengan, aprendan", decía,
"y descubran la melodía
de un mundo que se transforma
cuando el corazón guía".
Así, su luz se expandía,
por cada rincón y salidas,
Aronir dejó esperanza
donde antes solo había heridas.