y Aronir les entrenó a ellas en su morada, por un buen tiempo hasta que ellas sintieran como si fuese también su morada. Aronir las llamó primero hermanas, y más adelante, cuando el conocimiento fue parte de ellas y se fundían con las estrella, les llamó las Adar.
Cambiar fondo del poema
En la morada de Aronir, ellas hallaron
un rincón donde el tiempo se desvanecía,
sus voces en ecos de sueños cantaron,
y el mundo tembló con melodía.
Hermanas las llamó primero,
tejidas en legado de luces estelares,
y sus almas en sí labraron lo sincero,
conocimiento que rompe todos los mares.
Cuando el universo abrazó sus pasos,
y lucían sus almas cual mil cielos,
Aronir, en sabiduría y lazo,
les dio un nombre forjado en anhelos.
Adar, las llamó, hijas de constelación,
en ellas el cosmos vivía,
y así, en un solo corazón,
su morada eterna, unida florecía.