mientras tanto, en la morada de Aronir, ellas se seguían esculpiendo, en artes y números, y su conocimiento guardaba todo el ancho cosmos, también cantaban himnos como costumbres.
Cambiar fondo del poema
Mientras tanto, en la morada de Aronir,
ellas se seguían esculpiendo en claridad,
en artes y números forjaban su elixir,
un mundo vasto como su realidad.
El conocimiento guardaba el ancho cosmos,
como un cielo inmenso que en sus mentes cabía,
y en himnos que tejían como costumbres,
se desbordaba la esencia de su melodía.
Eran el eco de las estrellas susurrantes,
en la penumbra danzando sin fin,
mientras colmaban la noche de secretos,
y con su canto la llenaban de un latir sutil.