Sin embargo, tanto las Adar como Aronir vivian como humanos, pero eran muy distintos a ellos.
Cambiar fondo del poema
En un rincón del mundo terrenal,
vivían Adar y Aronir, seres sin igual.
Caminaban entre sombras en el suelo,
pero sus almas, con alas de terciopelo.
Adar, con ojos de cielo estrellado,
y Aronir, de fuego siempre encendido,
ambos en formas humanas moraban,
mas por dentro, de otras esencias vibraban.
El murmullo del viento susurraba,
canciones de un origen sin rostro,
sin embargo, en cada gesto, cada palabra,
yace un misterio profundo y hermoso.
Eran distintos, mas vivían entre hombres,
con secretos que el tiempo al mar confía.
En ellos, lo divino como un eco resuena,
un legado que la historia no vería.