Bajo un cielo de promesas, sin cadenas,la voz de un eco que el tiempo no derrota,sobrevive a inviernos de amargas penas,y en el alma, su raíz, jamás se agota.Un juramento que el viento no desvela.Es faro en la niebla de un mar sombrío,su luz un abrazo que el alma anhela,un fuego eterno que no siente el frío,la fe que de la herida no recela.A través de los años, su forma es nueva,en el mirar de un niño, en la memoria,en la mano que al caído eleva,en el silencio que guarda una historia.Y así, sin importar el camino incierto,permanece en el aire y en la tierra,un pacto mudo, jamás despierto,la paz que en su silencio no encierra.Es un suspiro que el corazón venera,la certeza de lo que ya no está,esa promesa que siempre será,la estrella que en la noche espera.Cinco estrofas
Cambiar fondo del poema
Bajo un cielo de promesas infinitas,
sin cadenas que frenen su vuelo,
la voz de un eco que el tiempo no limita,
sobrevive a inviernos de penas, su anhelo.
Un juramento que el viento oculta en su celo.
Faro en la niebla de un mar oscuro,
su luz es un abrazo cálido y sincero,
un fuego eterno que no siente el muro
del frío que congela, pero no al corazón entero.
La fe que de heridas no teme lo puro.
A través de los años, su forma renace,
en la mirada de un niño es eterna memoria,
en la mano que al caído sufre y se deshace,
en el silencio que susurra una antigua historia.
Así la esperanza en cada uno yace.
Y aunque el camino parezca incierto,
permanece en el aire y en la tierra,
un pacto mudo pero nunca muerto,
esa paz que su silencio afirma y sierra.
Susurro que al viento la verdad liberta.
Es un suspiro que el corazón consagra,
la certeza de aquello que el tiempo llevó,
esa promesa que siempre se integra,
la estrella que en la noche esperanza sembró.
Un faro brillante que nuestra vida alegra.