Hoy he pasado por la calle Pilarejo y, al llegar a la iglesia, me he encontrado con la gente que salía de la misma. Venía de Baños de Graena, termalismo, y me dirigía a Madrid, ciudad en la que vivo. No podía, al estar tan cerca, pasar de largo, del pueblo donde nació mi padre,Teófilo Linde, al cual acompañé cuando niño, en distintas fechas, pues allí vivía su madre, maría del Carmen Díaz, su hermana María Teresa, en compañía de su marido, Juan, y mis primos. Me adentré por la calle Pilarejo para ver la casa, pero después de tantos años no la he reconocido. No obstante la vidita ha sido emocionante y los recuerdos maravillosos. Hasta siempre querido pueblo.
Cambiar fondo del poema
En la calle Pilarejo, hoy pasé,
donde ecos del pasado vuelven a resonar.
De Baños de Graena, con aguas de bienestar,
hacia Madrid, mi hogar, mis pensamientos toqué.
La iglesia se desbordó de almas en salida,
como un río de historias que no se pueden contar.
Recordé el pueblo donde la vida de mi padre germinó,
Teófilo, tu nombre en murmullos siempre vibrará.
Infancia en los brazos de mi abuela María del Carmen,
y juegos compartidos con María Teresa, tantas risas de pan.
Juan a su lado, mis primos, nuestra eterna juventud,
ese hogar perdido, mi yo nebuloso quiso encontrar.
Aunque los muros han cambiado, y el tiempo avanza sin tropiezo,
la vidita resplandece con recuerdos de oro y luz.
Hasta siempre, dulce pueblo, en mi corazón profundo es tu beso,
cuna de memorias antiguas, patria de mi padre, mi cruz.