El nombre Montejícar procede del árabe Shicar que derivó en Hisn Monte Saquer, procedente a su vez de la composición latina Mons Sacer que significa “Monte Sagrado” y con la terminología árabe Castillo del Monte Sagrado.En su término municipal se ha hallado un notable yacimiento romano y en los alrededores del municipio han aparecido restos de cerámica íbera, romana, califal, almohade y nazarí.Durante el periodo musulmán fue clave para la defensa de todo el territorio del Reino de Granada convirtiéndose en un importante asentamiento militar. Contó con un castillo del siglo IX del que hoy quedan algunos restos, como una torre cuadrangular y parte de una muralla y una puerta.Los Reyes Católicos la conquistaron en 1486 y doce años más tarde la convirtieron en una de las siete villas obligadas al abastecimiento de Granada, junto a Montefrío, Íllora, Moclín, Colomera, Guadahortuna e Iznalloz. Tras la expulsión de los moriscos quedó casi despoblada. Se inició la repoblación durante el reinado de Carlos I y con ello devino su posterior florecimiento económico.ArquitecturaCerro de los AllozosErmita Virgen de la CabezaCastillo muralla árabeFortaleza medievalIglesia Parroquial de San AndrésTorre de la IglesiaPuente romano de TrianaGastronomíaGachasPucherosMigasCaza menor en ajilloChotoGuiso de tarbinasFiestasFiestas Patronales en honor a la Virgen de la Cabeza: 2º fin de semana de AgostoRomería de San Isidro: 15 de mayoFiesta de San Marcos: 25 de abril
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En Montejícar, historia y eco,
Monte Sagrado, en llamas de tiempo,
Hisn Monte Saquer, guardián en su cerro,
murallas del pasado, susurro eterno.
Restos romanos, íberos, califas,
cerámicas que narran épocas marchitas,
un castillo vigila desde el siglo IX,
sombra de torres y puerta que resiste.
Reconquistaron los Reyes su luz,
doce villanos abastecieron su cruz,
cañadas de historia, casi desoladas,
pero con Carlos, nuevas almas fueron sembradas.
Ermita y fortaleza, piedras y fe,
eco de tambor en el puente de Triana,
y en las fiestas, voces que al cielo se elevan,
en mayo y agosto, la tierra celebra.
En pucheros y migas, el gusto perdura,
gachas de historias cocidas con ternura,
y a la Virgen, en fervor, sus plegarias dan,
tributo de un pueblo que en el tiempo creerá.