Tu piel y la míase buscan en la penumbra,se encienden como brasasque no conocen reposo,ardiendo en el roce inevitable.Tu piel y la míase hablan sin palabras,gemidos y susurros son idioma,donde el deseo se derramacomo vino oscuro y dulce.Tu piel y la míase entrelazan húmedas, tensas,la lengua dibuja caminos secretos,los dedos se pierden en abismosque solo la lujuria revela.Tu piel y la míase encuentran en embestidas profundas,cada golpe es un relámpago,cada jadeo un incendioque no sabe de límites.Tu piel y la míase consumen y renacen,sudor y placer enredados,hasta que el clímax estallay la noche se rinde exhausta.Cinco estrofas
Cambiar fondo del poema
Tu piel y la mía
se buscan en la penumbra,
se encienden como brasas
que no conocen reposo,
ardiendo en el roce inevitable.
Tu piel y la mía
se hablan sin palabras,
gemidos y susurros son idioma,
donde el deseo se derrama
como vino oscuro y dulce.
Tu piel y la mía
se entrelazan húmedas, tensas,
la lengua dibuja caminos secretos,
los dedos se pierden en abismos
que solo la lujuria revela.
Tu piel y la mía
se encuentran en embestidas profundas,
cada golpe es un relámpago,
cada jadeo un incendio
que no sabe de límites.
Tu piel y la mía
se consumen y renacen,
sudor y placer enredados,
hasta que el clímax estalla
y la noche se rinde exhausta.