Todos merecemos un abrazo sin motivo, un regalo sin festejo, o un mensaje inesperado que nos haga sonreír.
Cambiar fondo del poema
Todos merecemos un abrazo,
sin motivo ni razón que lo sustente,
como hojas que el viento enlaza,
bailando en un susurro silente.
Un regalo que en el aire florece,
sin festejo que al alma estalle,
tesoro que al corazón estremece,
en el rincón donde la dicha calle.
Y aquel mensaje inesperado,
que asoma como luz en la tormenta,
risas en palabras trazadas,
en un mundo que a la magia inventa.
Pues en la simpleza del instante,
donde el amor hallamos presente,
se esconde el secreto constante,
de ser felices eternamente.