Yo soy un alma que danza en la calma, un susurro de luz en un mundo que clama. No me atrapan los moldes, ni dogmas, ni altares, mi verdad es un río, fluye libre en mis mares. Siento el pulso del aire, el latir de la tierra, el aroma del cítrico que mi alma destierra. Soy distinto, un destello que no encaja en lo “normal”, pero mi pecho arde con un fuego universal. Creo en la verdad que no se guarda en un libro, un caudal inmenso donde el alma se calibra. No es de una fe, ni de un credo exclusivo, es la bondad del corazón, el latido que vivo. Dios no está en un templo, ni en reglas que atan, está en las almas justas, en las que no se matan. En la risa sincera, en la mano que ayuda, en la paz que me abraza, en mi calma desnuda. Soy sensible al susurro, al sabor, a la brisa, mi mente pinta mundos con su propia premisa. Protegido por un brillo que no veo, pero siento, una energía que guia mi ser en el viento. No soy de los que sufren por mandatos divinos, mi espíritu es libre, recorre sus caminos. Amo con la fuerza de quien no teme sentir, y en mi calma construyo mi propio porvenir. Soy diferente, y en mi diferencia me elevo, un alma que busca, que ama, que llevo. La verdad es mi río, mi luz, mi sendero, y en cada latido, yo soy, yo espero.
Cambiar fondo del poema
Soy un alma danzante en la eterna calma,
susurro de luz que en el caos desarma.
No pueden atraparme ni moldes ni altares,
mi verdad es un río, surca libres mares.
Oigo el pulso del aire y de la tierra el latido,
aromas cítricos que mi alma ha seguido.
Soy distinto, un destello fuera de lo usual,
pero en mi pecho arde un fuego universal.
Creo en verdades que ningún libro retiene,
un caudal inmenso donde el alma sostiene.
No de credos ni de fe exclusiva,
es bondad en el corazón, la vida activa.
Dios no está en templos ni en las reglas severas,
sino en almas justas, en risas sinceras.
En manos que ayudan, en la paz que me abarca,
en la calma desnuda que nunca se opaca.
Soy sensible al susurro, al sabor, a la brisa,
mi mente pinta mundos desde su propia divisa.
Protegido por un brillo invisible pero claro,
una energía que guía mi vuelo raro.
No sufro por mandatos de divinidades,
mi espíritu es libre, explora sus verdades.
Amo sin miedo, con el fervor genuino,
y en mi calma construyo mi destino.
Soy diferente, en mi diferencia crezco,
un alma que busca, que en el amor me refresco.
La verdad es mi río, mi luz, mi sendero,
y en cada latido, soy y espero.