La mayor riqueza que tenemos es la gente que nos ama y desea nuestro bien.
Cambiar fondo del poema
En el vasto mar del existir,
donde todo parece desvanecer,
la verdadera riqueza se ve surgir,
en los ojos que nos saben comprender.
No es oro ni joya brillante,
ni fortunas que vienen y van,
son abrazos sinceros, constantes,
los que atesoran un amor tan gran.
Cuando la noche es oscura y callada,
y el frío amenaza al corazón,
las voces que nos aman, casi aladas,
son la luz y el calor de la razón.
Esos tesoros sin medida,
más preciados que el efímero bien,
la gente que en la jornada de la vida,
desea nuestro bien, nuestro sostén.