Qué bien nos vendría un abrazo que nos haga ver que no estamos tan solos.
Cambiar fondo del poema
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En un rincón del alma, late el deseo,
un abrazo cálido, un dulce anhelo.
Las sombras se disipan en su lazo,
susurro que dice: "No estás solo, amigo".
En la bruma se esconde el miedo,
pero un gesto tiende, teje el pañuelo.
Sus manos, refugio de mi quebranto,
abrazo sincero, mi faro en el canto.
Cómo brilla el mundo con un simple acto,
un abrazo que, al momento, nos salva.
Bajo el cielo, eterno firmamento,
no estamos solos, en esta danza.