El amor maduro no necesita títulos ni celebraciones.
Cambiar fondo del poema
En la quietud del alma compartida,
dos corazones laten sin estruendo.
Amor maduro, savia en la herida,
sin necesidad de títulos ni festejo.
Es la mirada en el café temprano,
el roce sutil de una mano al pasar.
El abrazo que no exige ni reclama,
el susurro al anochecer, un hogar.
No hay rótulos, no hay fecha en el altar,
pero sí un refugio donde el mundo calla.
En su serenidad, el canto crece,
amor que, sin pronunciarse, no falla.