Hay algo que no siempre se dice en voz alta: Cuando crías a un hijo/a con TDH no solo aprendes a acompañarle a él, también estás aprendiendo a sostenerte tú ante lo que no encaja.Opiniones no pedidas.Consejos sin contexto.Créticas sutiles que duelen más que un grito.Silencios que hablan demasiado.Y aún así sigues ahí.Dudando a veces, pero firme.Pero con una certeza que ya no buscas fuera.La de saber que estás eligiendo a criar desde tu verdad., no desde la espectativa de los demás.
Cambiar fondo del poema
Hay un secreto susurrante,
un eco que a menudo calla,
cuando al hijo con TDH miras,
no solo a él acompañas, sino a ti mismo sostienes,
en un mundo donde a menudo no encajas.
Opiniones no pedidas llegan,
consejos que no tienen contexto,
críticas sutiles, flechas sin arco,
silencios que gritan su peso.
Y aún así, sigues, siempre valiente,
dudando a veces, pero firme al final.
Ya no buscas certezas afuera,
las hallas en tu corazón,
esa sabia elección de criar desde la verdad,
sin complacer espectativas, sin perder tu visión.
Eres un faro en la tormenta,
luz de amor, verdad en acción.