No hay máquina del tiempo más hermosa que una vieja canción.
Cambiar fondo del poema
En los acordes suaves del ayer,
se teje una nostalgia que alumbra,
un eco dorado en su atardecer,
cual brújula que el alma deslumbra.
No hay reloj que atrape el instante,
ni esfera que el tiempo confunda,
como una melodía vibrante
que la memoria tiernamente inunda.
Canta el eco de voces extintas,
resuena en el pecho un latido,
en cada nota el pasado revives,
bajo el cielo de un cuento perdido.
Es en esta danza eterna,
donde el tiempo en su danza se rinde,
dulce la canción nos gobierna,
y en su abrazo, el corazón nunca envejece.