En el vasto mar de rostros, me pierdo,
cada mirada un universo aparte,
bailando al son de un verso,
con un alma que arde.
Somos estrellas en un cielo errante,
brillamos con luz única, incesante,
en la danza del viento, el giro de un instante,
somos lo nuevo, lo propio, lo distante.
Un bosque de sueños inéditos somos,
raíz y hoja, silencio y locura,
en un mundo de tonos sinomiégomos,
dibujamos senderos de pura textura.
Así, en la brevedad del coro infinito,
cada voz un eco irrepetible,
somos el canto distinto y discreto,
unidos en lo diverso, libres en lo imposible.