Cae el sol con sutileza,pintando el cielo de añil,en su abrazo de tristezanos relumbran un perfil.Puestas de sol que saben nosotros,susurros del viento al pasar,guardan secretos, rostros,de nuestro creciente caminar.El horizonte se tiñe de oro,reflejos en el mar danzan,contemplamos sin decoro,mientras la luz avanza.Y en el ocaso queda el ecode historias que supimos ser,en cada rayo, un recoveco,un destello de atardecer.|Cinco estrofas
Cambiar fondo del poema
Cae el sol con sutileza,
pintando el cielo de añil,
en su abrazo de tristeza
nos relumbran un perfil.
Puestas de sol que saben nosotros,
susurros del viento al pasar,
guardan secretos, rostros,
de nuestro creciente caminar.
El horizonte se tiñe de oro,
reflejos en el mar danzan,
contemplamos sin decoro,
mientras la luz avanza.
Y en cada rayo, un recoveco,
un destello de atardecer,
las sombras trenzan su eco,
historias que supimos ser.
El ocaso, un lienzo viviente,
pinta el alma al anochecer,
luz y sombra, eternamente,
en su abrazo, volvemos a nacer.