Amor ajeno,ardes en mi piel como un deseo prohibido,tiemblas en mis labios antes del beso,suspiras en el silencio de la nochecuando mi pensamiento te desnuday mi fantasía te reclama.Amor ajeno,rozamos fronteras con miradas incendiadas,el aire se vuelve espeso de ganas,tu voz recorre mi espalda como lengua suave,y en cada latido se enciende el riesgode entregarnos sin medida.Amor ajeno,mis manos te buscan aunque no deban,mis sueños te poseen sin permiso,se quiebran las reglas en la penumbramientras tu cuerpo arde en el míocomo un fuego que no sabe apagarse.Amor ajeno,cada susurro se vuelve gemido,la piel se abre a la urgencia del tacto,nuestros cuerpos hablan en silencio,y el deseo nos ata sin piedaden el borde dulce del abismo.Amor ajeno,te saboreo en el temblor de la lengua,en la humedad que despierta secretos,en el vaivén lento de caderas ansiosasque reclaman el ritmo prohibidode una pasión sin testigos.Amor ajeno,nos devoramos hasta el último aliento,con sed, con hambre, con puro ardor,rompiendo miedos, quemando culpas,hasta que el placer nos deja exhaustos…y aún así, volvemos a buscarnos.Seis estrofas
Cambiar fondo del poema
Amor ajeno, en mi piel ardes,
como deseo prohibido, incierto,
en mis labios tiemblas antes del beso,
suspiras en la noche, en silencio.
Desnudando mi pensamiento te reclamas,
mi fantasía te hace vivir.
Amor ajeno, miradas que cruzan fronteras,
el aire se espesa, ansioso de deseo,
tu voz es una lengua suave que me recorre,
en cada latido, el riesgo se enciende,
de entregarnos, sin límites ni medida.
Amor ajeno, mis manos te buscan,
aunque no deban, sueños te poseen,
las reglas se quiebran en la penumbra,
tu cuerpo arde en mí,
como un fuego eterno e insaciable.
Amor ajeno, susurros se vuelven gemidos,
la piel se abre a la urgencia del tacto,
los cuerpos hablan en un tenso silencio,
el deseo nos ata, sin piedad,
al borde dulce del precipicio, a punto de caer.
Amor ajeno, en el temblor de la lengua,
te saboreo, secretos en la humedad,
caderas ansiosas marcan el ritmo prohibido,
una pasión sin testigos,
que reclama su espacio en lo oculto.
Amor ajeno, hasta el último aliento nos devoramos,
sedientos, hambrientos de puro ardor,
quebrando miedos, dejando culpas en cenizas,
hasta que el placer nos deja exhaustos...
y aún así, nos volvemos a encontrar.