Tener hijos no garantiza tener compañía en la vejez; muchos padres envejecen en el olvido.
Cambiar fondo del poema
En la aurora de la vida, con amor se arman los nidos,
se siembran sueños y risas, frutos de futuros cálidos.
Pero el tiempo, con su brisa, arrastra memorias y ríos,
dejando a madres y padres perdidos en fríos olvidos.
Susurros de noches largas, amaneceres vacíos,
ecos de voces lejanas que dibujan los rocíos.
Tener hijos, juramentos que el corazón solo anida,
no está escrito en el destino que sean siempre guarida.
Flores que crecen se alejan, en busca de nuevos vientos,
y aquellos que las criaron quedan, guardando los momentos.
Quizás en el horizonte, aún con trabajos y retos,
reposa un sol en sus almas, promesa en labios discretos.