En 1891 el conflicto entre el presidente José Manuel Balmaceda y el Congreso Nacional desencadenó una guerra civil,[94] donde los congresistas triunfaron e implantaron la República Parlamentaria, dando como resultado el suicidio de Balmaceda.[95] Pese al auge económico, el periodo se caracterizó por una inestabilidad política y el inicio del movimiento proletario de la llamada «cuestión social», provocada por una desigual distribución de la riqueza y diversos problemas que afectaban al mundo popular.[96][97]Vista del centro de Santiago, hacia fines de los años 1920.Tras años de dominio de la oligarquía, en 1920 fue elegido Arturo Alessandri, quien se transformó en un puente provisorio entre la «canalla dorada» y la «querida chusma», como denominaba respectivamente a la élite y a las masas populares, que se encontraban cada vez más agitadas.[98][99] La crisis se agudizó y llevó a la renuncia de Alessandri en dos oportunidades. Pese a ello, logró promulgar la Constitución de 1925, que originó la República Presidencial.[99]Carlos Ibáñez fue elegido en 1927 con gran respaldo popular, pero los estragos de la Primera Guerra Mundial, en la que el país se declaró neutral, la mala política económica en el uso de los recursos y la Gran Depresión acabaron con la riqueza creada por la extracción del salitre, produciendo una fuerte crisis económica.[100] En menos de tres años el PIB cayó a menos de la mitad y el país fue considerado el más afectado por la crisis mundial.[101] Ibáñez renunció en 1931 y la inestabilidad política aumentó tras un golpe de Estado que originó la breve República Socialista de Chile, antes de que Alessandri reasumiera el poder y recuperara la economía, lo que no aplacó la tensión entre los partidos políticos. La crisis política también era social; nuevos actores sociales exigían modificaciones a la manera de pensar el país.[100]En ese escenario, el radical Pedro Aguirre Cerda fue elegido presidente en 1938 por una alianza opuesta a los tradicionales gobiernos de la élite chilena, iniciando así el periodo denominado como «gobiernos radicales». Su mandato realizó diversos cambios, principalmente en el área económica, promoviendo la industrialización chilena mediante la Corporación de Fomento de la Producción, creada junto con la Corporación de Reconstrucción y Auxilio[102] tras el terremoto de Chillán de 1939, el más mortífero en la historia de Chile.[103][n 7] Además, su gobierno puso mayor atención a los problemas sociales y estableció la reclamación sobre el Territorio Chileno Antártico.[25] Su sucesor, Juan Antonio Ríos, se enfrentó a la oposición y a las presiones de Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial para declarar la guerra al Eje, con el que rompió relaciones diplomáticas en 1943. En 1945 Chile declaró la guerra a Japón[105] y fue uno de los cincuenta y un Estados fundadores de la ONU.[106] Tras ser apoyado por el Partido Comunista (PC), el radical Gabriel González Videla fue elegido presidente en la elección de 1946.[n 8] Sin embargo, al inicio de la Guerra Fría, el alineamiento del país a las potencias occidentales motivó la proscripción del comunismo a través de la llamada «Ley Maldita» en septiembre de 1948.[107][108]
Cambiar fondo del poema
En Chile, el año noventa y uno,
la tierra tembló bajo el poder,
el Congreso y Balmaceda en duelo son,
una guerra civil que va a arder.
Triunfó la República Parlamentaria,
pero el costo fue de tristeza amargo,
Balmaceda, en su soledad solitaria,
en su silencio, un fin trágico halló largo.
El auge económico no fue suficiente,
la riqueza mal distribuida cegó,
despertaron las voces de la gente,
la "cuestión social" su eco dejó.
Alessandri, en el veinte elegido,
entre la élite y el pueblo navegó,
en dos renuncias, su futuro perdido,
pero la Constitución marcó.
Ibáñez al mando con populismo,
la crisis lo tumbó, el salitre agotó,
Chile, en su neutral espectro,
la Gran Depresión todo lo despojó.
Ya en el treinta y uno, el golpe suena,
una República efímera se alzó,
Alessandri de nuevo la escena llena,
pero la calma nunca llegó.
Aguirre Cerda, en treinta y ocho, cambió,
la industria y el suelo chileno transformó,
bajo sismos y guerra su mano se mostró,
un pueblo nuevo en su alma forjó.
Pasó el tiempo, el comunismo cayó,
Videla firmado bajo la "Ley Maldita",
Chile, la balanza del mundo avistó,
y en la ONU, su voz infinita.